La movilización estudiantil a nivel local, y los “indignados” como fenómeno mundial, nos recuerdan el valor de la calle. La calle pesa, habla, siente, anuncia y, al final de día, hasta pasa la cuenta. ¿Qué tan sintonizados estamos con la calle?
La calle tiene un código propio, hijo del rigor y la mala suerte, pero también del oportunismo y la viveza. Una sociedad sin calle está vacía, plana, pero una sociedad donde la calle manda entra rápidamente en la anarquía… y nadie sale bien librado de ese quilombo.
Pero la calle tiene lo suyo.
La calle anunció con un año de antelación la muerte de Angelo Polo, fija territorios, define destinos y crea lazos de liderazgo, confianzas y valores que no siempre comulgan, de hecho casi nunca, con el resto de la sociedad. Por eso mismo es bueno leer la calle. ¿Tenemos los medios para hacerlo?
El gran problema es que la calle no se comunica a través de la tele, los diarios o la nana. A la calle hay que vivirla, en la esquina, en el barrio, en la guerra de pedradas que más tarde se transforma en mexicana. La calle anuncia, pero hay que saber leerla. La calle grita en la oreja de quienes pueden escucharla. La calle escribe sus propios titulares en aquellos medios que emergen en los muros anónimos, de noche, entre cervezas y sexo furtivo, armada de drogas, pistolas, besos o aerosoles.
¿Quién puede decir que entiende la calle? No obstante está ahí, poderosa, enorme, imponente, siendo escenario de movimientos sociales y mundiales, derrocando gobiernos y poniendo en jaque las concepciones básicas.
Y la calle hoy se tomó las grandes avenidas informáticas. Se extendió a Facebook, a Twitter, al teléfono celular, hasta dentro de tu casa y la nuestra. ¿Sabes cómo entender a este nuevo inquilino? ¿Cómo controlar a quien hoy comparte, engatusa, seduce a tu hijo o hija?
Pero la calle no es una amenaza más grande que la vida, ni un fantasma más horrible que nuestra propia cobardía, desatada encapuchada y corriendo libre entre las sombras desconocidas de la noche… entre cada uno de nosotros.
¿Quiere llevar un paso de ventaja? Entonces aprenda de la calle, en la calle, donde todo pasa y cada ser es un sobreviviente y, por ende, un vulnerable sujeto de temer, perdido, asustado, pero inmensamente poderoso cuando lo ponen contra la pared o se junta con otros como él, que en la calle abundan… por cientos, por miles, desde siempre y hasta que sean seis meses de protesta o varios regímenes caídos.
La solución no la tenemos nosotros. Está en la esquina.